Pocas veces he leído un titular tan potente. La T-1 funciona. Así ha titulado El Periódico la noticia de infraestructuras del año, es decir, la inauguración de la nueva terminal del Aeropuerto del Prat. Sabido es que de titular bien depende en gran parte que el lector se detenga a leer la noticia completa y por eso los periodistas, advenedizos o experimentados, acostumbran a romperse la cabeza con tal de encontrar una metáfora atractiva, una frase ocurrente o unas palabras con gancho.
Lo singular de este caso es que con una frase en principio puramente descriptiva, como la de certificar que la T-1 “funciona”, el diario barcelonés evoca muchos más mensajes en el subconsciente del lector. Se me ocurre, por ejemplo:
-la T-1 funciona, lo que es noticia, dado que las infraestructuras del Gobierno central (léase RENFE) en Cataluña suelen no hacerlo,
-la T-1 funciona, aunque el aeropuerto del Prat tenga por costumbre no hacerlo en ocasiones señaladas (piénsese en las huelgas salvajes en vacaciones estivales),
y un largo etcétera.
La sencillez y fuerza del titular de El Periódico contrasta sin embargo con una de las apuestas de portada del Avui. Con motivo de la llegada a las librerías de la tercera parte de la saga Millenium, el rotativo participado por el Grupo Godó titula:
Em sembla que això petarà!
rúbrica esta que parece dar a entender que el fallecido escritor sueco Stieg Larsson tuvo una corazonada sobre el éxito de sus novelas que resumió con esta frase. Que tuvo un presentimiento que se ha hecho realidad ha sido afirmado en varias ocasiones por fuentes fiables, pero el impacto de la frase textual, pronunciada por el mismo autor, es indudable. Lástima que esta frase se refiriese a otros asuntos y se valga de ella el periodista para crear una composición de la realidad algo desajustada:
El 2 de setembre del 2004 Stieg Larsson va escriure a una de les seves editores un comentari premonitori: “Em sembla que això petarà!”. Es referia a un altre tema, però ara ho podem relacionar amb l’èxit esclatant de les seves novel·les i, per desgràcia, amb el seu cor.
Ciertamente, no es grave la manipulación del redactor en este juego de malabares; sólo sirve para observar las pequeñas trampas que se hacen en titulación para ser más original. Desde mi punto de vista, estos dos titulares son una muestra clara de que muchas veces en el camino inverso se halla la opción más potente y original de dar nombre a una pieza periodística.




